La distancia terrenal se hace cada vez más fuerte, se vuelve inevitable no pensar en su presencia ni en su formidable sonrisa, es impensable vivir sin recordarlo. Cada vez el vacío incrementa, la tristeza va haciendo un espacio en l mente, y el anhelo de ver su rostro vigoroso se ahonda en los deseos más profundos.
El tiempo es lineal a cuanto se extraña, mientras mas transcurren los días, más viva se hace su presencia, mientras más pienso en el “que sería” mas siento deseos de correr hasta sus brazos, pero ahí es cuando entro en la realidad que solo es ahora espíritu y que su cuerpo ha desvanecido de los confines del mundo terrenal. Todo cambia, cada suceso nos transforma, y la partida de un ser debe hacernos reflexionar sobre que enseñanzas nos ha dejado, debe hacernos entender que todo es temporal nada perdura para siempre, todo se acaba, y es ahí donde traigo a colación lo que se ha hecho, lo que se ha omitido, aquel ser murió para dejarnos una enseñanza, para dejarnos su lección por la cual vivió y por la que murió.
Morir es vivir, vivir es espíritu, vivir en pensamientos e ideales, morir es trascender a los pensamientos de quienes deseas seguir con su legado. Morir es el paso final para emprender el camino, es la oportunidad para reivindicarnos y fortalecer lo que en vida habíamos soñado.
No hay que sumirnos en el dolor, tampoco digo que no hay que extrañarlo (es inevitable), lo que debemos hacer es continuar con sus ideales, los que había construido, es la mejor manera de hacer homenaje a lo que su vida fue, es la mejor forma de recordarlo…
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