El pasado invade sus días, los recuerdos que antes hacían mella
al volver a encontrarse tornan trascendencia de nuevo, las palabras que se habían
desvanecido a causa de la indiferencia de quien antes fue querido, resuenan de
nuevo en la mente de aquel que ya había olvidado.
El encontrase con viejos amoríos, el volver a ver a quien antes
fue amado, no siempre trae sensaciones tan frías y flemáticas, siempre quedara
algo en la mirada que perdura, en los abrazos que son tan únicos e
inigualables, en las caricias que toman un sentido característico. Sin embargo el
tiempo ha pasado y existe en presente, en el cual se ha tejido una nueva ilusión,
un anhelo de construir un nuevo camino, que queda a la deriva de quien vuelva a aparecer, es ese
presente el que debería (y de hecho es el que predomina) importar, es ese mismo
momento en el que entendemos lo que es el respeto hacia la otra persona, con la
cual se ha edificado lo que hasta ahora
tenemos.